Comportamiento de las serpientes, ofidios muy característicos

Imagen seleccionada para comportamiento de las serpientes
Sebastian Di Domenico/CC BY 2.0

Las serpientes son vertebrados tetrápodos perteneciente a la clase Reptilia, orden Squamata, suborden Serpentes. Se caracterizan por ser reptiles completamente ápodos, es decir, carecen de cinturas pectorales y pelvianas (aunque algunas especies presentan vestigios de las mismas), y por lo tanto no cuentan con extremidades. De cuerpo alargado y cilíndrico, cuentan con numerosas vértebras y costillas, presentan un cráneo cinético y algunas especies cuentan con glándulas venenosas conectadas a dientes modificados en colmillos. Actualmente, se reconocen 25 familias distribuidas en dos infraorden —Alethinophidia y Scolecophidia—, y aproximadamente 3.460 especies. El comportamiento de las serpientes es tan diverso como las mismas especies y hábitats en donde se pueden encontrar, por lo cual, es difícil su estudio.

Entre las serpientes podemos distinguir cuatro grupos importantes comenzando por Las boas (familia Boidae) y pitones (familia Pythonidae), que incluyen a especies como la anaconda y la pitón reticulada, que destacan por su peso, tamaño y una dentadura aglifa. Ambas familias carecen de veneno, por lo que su estrategia de caza es la constricción.

El segundo grupo son los colúbridos, presentan una dentadura opistoglifa y algunas especies pueden ser venenosas, aunque en su mayoría son inofensivas. En este grupo se encuentra aproximadamente 1.800 de especies que suelen ser de pequeño y mediano tamaño, cuyas presas son pequeños vertebrados e incluso invertebrados como algunos gasterópodos.

El siguiente grupo de serpientes son elápidos (familia Elapidae), en donde se incluyen serpientes tan peligrosas como las cobras (Naja y Ophiophagus), las mambas (Dendroaspis), las corales (Micrurus, Leptomicrurus, entre otros) y las serpientes marinas (Hydrophiinae), con una dentadura proteroglifa presentan un veneno neurotóxico. Finalmente, las vipéridos (familia Viperidae), en donde encontramos a las víboras como la mapanare (género Bothrops) y los crótalos o víboras de foseta, caracterizadas por tener una dentadura solenoglifa y un veneno principalmente hemolítico.

Como se darán cuentan, la gran diversidad de ejemplares dificulta que se generalice las características más destacadas del comportamiento de las serpientes. Sin embargo, a continuación, intentaremos resumir las conductas más comunes entre serpientes.

Comportamiento social

Las serpientes no presentan estructuras sociales complejas y pueden ser consideradas los reptiles más asociales, aunque se han registrado distintos tipos de agregaciones (grupos de hibernación, agregaciones reproductivas y de cubierta), además de comportamientos agresivos y territoriales. Los comportamientos de las serpientes relacionados al cortejo, apareamiento y cuidado parental, son adiciones sociales que ocurren en ciertas especies, siendo más la excepción que lo normal, y no se encuentran relacionados con grupos o agregaciones de serpientes. La mayoría de las serpientes se encuentran desplazándose en solitario, buscando un refugio, presas o un lugar para descansar después de la caza.

Entre la diversidad de comportamientos de las serpientes destaca el canibalismo jerárquico, entre especies diferentes o la misma especie, siendo una conducta territorial y defensiva bastante común.

No obstante, también se ha registrado comportamientos jerárquicos de dominación-sumisión. Barker, D. y colaboradores observaron en 1979 el comportamiento de un grupo de pitones (P. molurus) en cautiverio, registrando la existencia de una jerarquía lineal basada en la dominación entre machos. Los machos subordinados demostraron conductas de huida y sumisión ante la presencia del macho dominante; no obstante, la hembra, podían movilizarse libremente sin ser afectadas. Igualmente, se apreciaron combates relacionados con el apareamiento.

Comportamiento de las serpientes y la territorialidad

Algunas serpientes como la cobra rey o las víboras europeas, demuestran tener comportamientos territoriales. En el caso de la cobra, ambos sexos ayudan a construir el nido para la puesta de huevos entre hojas de bambú, al terminar permanecen cuidando el nido y defendiéndolo ante depredadores. No obstante, se desconoce si esta conducta es una territorialidad intraespecífica o un comportamiento de cuidado parental. Por otro lado, se ha registrado que las víboras europeas son capaces de defender un área de otras víboras y depredadores.

Comportamiento de las serpientes relacionado con la comunicación

Los canales de comunicación entre serpientes incluyen la comunicación visual, táctil y olfativa (vomeronasal); al carecer de un oído externo y medio, se considera que las serpientes no utilizan la comunicación acústica como medio de transmisión de información. No obstante, los otros sentidos tienen un papel importante entre las interacciones entre serpientes, siendo evidenciado en la variedad de señales que pueden llevar a cabo dependiendo del contexto. Estas señales incluyen posturas, movimientos y liberación de señales químicas como feromonas.

Las tres regiones del cuerpo de las serpientes (cabeza, tronco y cola) son capaces de realizar posturas independientes que pueden servir como señales agonistas, que incluyen amenaza (como las cobras cuando exhiben el ensanchamiento de la zona de su cabeza o algunas serpientes cuando elevan su tronco verticalmente), o conductas relacionadas con el apareamiento, que involucran ciertos rituales. Algunas serpientes también presentan rasgos aposemáticos, que pueden indicar peligro.

El comportamiento de las serpientes durante los combates rituales de apareamiento implica algunas formas de comunicación visual, táctil y química.

Rituales de cortejo y apareamiento

Con limitaciones impuestas por carecer de apéndices, las serpientes exhiben una variedad única de comportamientos rituales en un contexto de encuentros de cortejo y apareamiento. Machos de varias especies de serpientes presentan una danza o combate contra otros machos, usualmente se encuentra la hembra, pero estos pueden realizarse, aunque no esté presente. Estos rituales se han registrado para colúbridos, elápidos, vipéridos y crótalos.

En este ritual, el comportamiento de las serpientes machos incluye combates, elevando partes de su cuerpo y balanceándolo contra el contrincante. El macho dominante, suele envolver el cuerpo del otro y tirarlo fuertemente contra el suelo. Este movimiento puede ser repetido numerosas veces, hasta que se establezca una relación de dominancia y sumisión.

El comportamiento de las serpientes relacionado a los combates rituales, varía según el grupo. Los colúbridos durante los combates tienen a asumir una alineación horizontal con el otro combatiente. En cambio, los elápidos presentan un patrón de torsión y estrecha vinculación de la región del tronco y cola, mientras que las cabezas se elevan verticalmente. Por otro lado, los vipéridos presentan un patrón de combate donde la cabeza se encuentra en alto, así como la región anterior del tronco.

Al terminar los combates, se lleva a cabo el cortejo y el apareamiento. El macho es el encargado de llevar a cabo la mayoría de los movimientos, busca a la hembra e intenta pacificarla mientras va alineando su cuerpo para que las cloacas entren en contacto. Esta etapa del apareamiento puede ser errática y desordenado, por lo que es muy importante la comunicación táctil entre serpientes.

Durante el apareamiento, la comunicación táctil, visual y química tienen un papel fundamental, tanto en el reconocimiento inicial de las especies y el sexo.

Senter, P. y colaboradores intentaron reconstruir la historia evolutiva del cortejo por medio de estudios filogenéticos comparado a 76 especies de serpientes, en donde concluyeron que el comportamiento de combate se presentó por primera vez en serpientes de la familia Boidae por el Paleoceno, siendo adoptado por Pythonidae y Elapidae por el Mioceno temprano, finalmente, a partir del Eoceno comenzó a observarse entre colúbridos. En cada una de estas familias, el comportamiento de combate ritual tenía características únicas que se fueron sumando a las distintas adaptaciones.

Cabe destacar, que en anacondas ocurre el canibalismo sexual, en donde las hembras dominantes son capaces de canibalizar a los machos que la rodean durante el ritual de cortejo, probablemente para conseguir nutrientes. En este caso, las anacondas tienen un comportamiento reproductivo poliándrico, y no son las únicas especies que presentan esta conducta.

Comportamiento de las serpientes antidepredador

El comportamiento de las serpientes relacionado con la defensa frente a depredadores puede estar limitada por las condiciones ambientales, específicamente por la temperatura, así como por procesos bioquímicos y fisiológicos asociados con el comportamiento y el metabolismo. Por lo cual, podemos encontrar conductas defensivas diferentes dependiendo de la temperatura ambiental y, por tanto, la corporal, en donde podemos observar que movimientos rápidos no pueden ser posible durante el invierno o en bajas temperaturas.

Algunas serpientes como la especie Thamnophis sirtalis demuestran una mayor capacidad de defenderse agresivamente a temperaturas ambientales más altas (20-30°C), y una menor agresividad a temperaturas por debajo de los 10°.

Determinadas serpientes, cuando se sienten amenazadas, abren la boca y muestran sus colmillos o en el caso de las cobras expande su cuello. Algunas boas, suelen emitir sonidos de advertencia, mientras que algunas vipéridos y elápidos son capaces de escupir veneno de modo de defensa. Las serpientes cascabeles pueden agitar su cascabel, que se trata de una estructura córnea que les permite generar sonido en caso de peligro.

Es preciso destacar en cuanto el comportamiento de las serpientes que la mayoría huyen rápidamente ante un depredador.

Para concluir, es necesario precisar que aún falta mucho que investigar y estudiar para poder comprender el comportamiento de las serpientes.

Bibliografía

  • Barker, D. et al. 1979.
  • Brattstrom, B. 1974.
  • Carpenter, C. 1877.
  • Hickman, C. et al. 2010.
  • Keogh, S. y DeSerto, F. 1994.
  • Senter, P. et al. 2014.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.