Comportamiento del pez betta (splendens), en la naturaleza y acuarios

Daniella Vereeken/CC BY 2.0

El beta es uno de los peces de agua dulce más populares en la acuariología, debido a la gran diversidad de variedades que existen por la reproducción selectiva de ejemplares. El comportamiento del pez betta (Betta splendens) es muy característico, ya que los machos suelen luchar entre sí de manera agresiva, razón por la cual también son conocidos como peces luchadores o como pez luchador de Siam.

Debido a esta característica del comportamiento del pez betta, inicialmente fueron domesticados en parte de su área de distribución para actividades de lucha tradicionales en Tailandia. Su distribución abarca una región amplia de Asia que incluye países como Tailandia, Malasia, Camboya y Birmania (sudeste asiático).

El pez beta pertenece a la familia Osphronemidae incluida en el suborden de los laberíntidos dentro del orden Perciformes. Estos peces se caracterizan por la presencia de aletas con un desarrollo considerable, así como por su coloración llamativa. Además, el pez beta cuenta con un órgano especial denominado laberinto, que les permite a estos peces tomar oxígeno del aire y mantener un buen estado de oxigenación de los tejidos. Esto resulta especialmente importante, cuando la disponibilidad de este compuesto es baja en el agua.

En general, los peces beta macho son muy territoriales en la naturaleza y dentro de los acuarios, cuando se encuentran en cautiverio, por lo que no es recomendable mantener ejemplares machos juntos en el mismo acuario, debido a que se producen fuertes enfrentamientos entre ellos. Estos individuos terminan por causarse lesiones, que en muchos casos son de gravedad y ocasionan la muerte o los hace susceptibles a adquirir enfermedades.

Aunque con su domesticación, se ha logrado producir variedades muy hermosas, el comportamiento de los peces beta no se ha visto modificado en gran medida. En otras palabras, siguen teniendo un comportamiento estereotipado.

Los individuos de peces betta suelen ser solitarios en la naturaleza y muestran una alta territorialidad que involucra comportamientos agresivos hacia miembros del mismo género. También es posible que se enfrenten con otras especies que tengan características similares a estos, como por ejemplo una aleta caudal desarrollada.

Comportamiento del pez betta en su hábitat natural

En la naturaleza, el comportamiento del pez betta es principalmente diurno. Aunque su historia natural no es muy bien comprendida, frecuentan aguas poco profundas con corrientes suaves o aguas estancadas. Durante la época reproductiva se trasladan a aguas poco profundas para reproducirse, formando agregaciones de peces en una densidad de dos individuos por metro cuadrado.

Adicionalmente, la selección de hábitat de estos peces siempre involucra zonas con una densa vegetación acuática y lugares con fondos fangosos. También pueden frecuentar ambientes muy cambiantes como los cultivos de arroz y acequias de riego. Es común que los peces betas sean territoriales y agresivos en la naturaleza. Los machos suelen establecer territorios bien definidos que defienden de otros machos.

La presencia de varios peces machos puede iniciar un comportamiento de exhibición, que puede terminar en interacciones negativas entre los individuos. En gran parte de los casos, los enfrentamientos suelen evitarse, cuando uno de los machos advierte que su congénere es más fuerte. En estos casos, el individuo termina huyendo para resguardarse o, muestra cambios de coloración que señalan una clara sumisión y estrés.

Por otro lado, es posible observar a algunos machos atacando a las hembras que entran en su territorio, especialmente fuera de la época de reproducción. Esto puede considerarse como un comportamiento del pez beta asociado a la competencia por recursos, o simplemente al hecho de que el macho no está preparado para la reproducción.

Las hembras, aunque menos agresivas, pueden luchar entre sí. Sin embargo, debido a que existe jerarquización entre ellas, los encuentros de lucha no pasan de persecuciones cortas o leves mordisqueos.

Comportamiento del pez betta en la reproducción

El pez beta exhibe un gran dimorfismo sexual. Los machos pueden alcanzar hasta 7 cm de largo, aunque la aleta caudal de algunos especímenes puede alcanzar hasta los 15 cm. Las hembras son de menor tamaño y presentan una coloración menos vistosa que la de los machos, así como una aleta caudal menos desarrollada.

La agresión del pez betta tiene una conexión muy fuerte con la madurez sexual. En los peces betta machos, una exhibición agresiva de los individuos sexualmente maduros, resulta de suma importancia en la obtención y defensa de un territorio. Además de esto, el comportamiento agresivo hacia sus congéneres también se relaciona directamente con la obtención de hembras y la trasmisión de genes a las nuevas generaciones.

Los machos de pez beta, una vez consiguen una hembra para reproducirse, forman un nido de espuma bastante consistente y de color blanco que se mantiene firme en la superficie del agua. Este comportamiento del pez betta es muy particular, ya que en la naturaleza viven en cuerpos de agua con escasa oxigenación. Al estar los huevos cerca de la superficie, el nido de espuma recibe oxígeno atmosférico, vital para la supervivencia de los embriones.

En esta especie, los machos se encargan de seleccionar a las hembras con las cuales se reproducirán. Aunque la hembra se sienta atraída ante los atributos de un macho determinado, es el macho el que decide con cuál hembra copular. Las hembras no seleccionadas son ahuyentadas de su territorio rápidamente y, a menudo, de manera agresiva, lo cual es típico en el comportamiento del pez betta macho durante la reproducción.

Cortejo y cuidado parental

Para cortejar a la hembra, el comportamiento del pez betta macho consiste en mostrar sus atributos en una danza de cortejo, en la cual amplía y mueve sus atributos sexuales. Entre esto se incluyen los opérculos y la extensión de la aleta anal. Generalmente, los machos de pez betta pueden perseguir a las hembras, darles golpeteos suaves con las aletas e, incluso, morderlas levemente hasta que esta finalmente los acepta.

Todo este proceso ocurre cerca del nido de espuma creado por el macho. El macho abraza a la hembra grávida, estimulando el desove, que es acompañado por la liberación del esperma del macho. En este caso, la fertilización es externa.

Después de la fertilización, el macho expulsa a la hembra para evitar que deprede los huevos. El comportamiento del pez betta macho muestra un extraordinario cuidado parental. Este se encarga de recoger los huevos y de adherirlos uno por uno al nido de espuma elaborado previamente. Una hembra madura puede colocar entre 60 y 90 huevos de color blanco y sin flotabilidad. El macho protege el nido de espuma hasta la eclosión de las larvas al cabo de unas 36 horas.

Durante este periodo de tiempo, el macho no se alimenta y defiende el nido de larvas de insectos y otros peces intrusos, que pueden devorar los huevos. Este nido de espuma contiene sustancias bactericidas y otros componentes que modifican la química del agua que rodea los huevos, lo cual favorece el desarrollo del embrión hasta su eclosión. El macho también se encarga de mover constantemente el nido para favorecer la aireación del mismo.

En cautiverio, la reproducción del pez beta suele ser complicada, pues en muchos casos el comportamiento del pez betta macho indica rechazo hacia las hembras. En estos casos, puede llegar a agredirlas e incluso matarlas, si no se monitorea el proceso de reproducción.

Por otro lado, existe un alto índice de mortalidad de embriones, debido a que el macho es muy voraz. Estos pueden destruir sistemáticamente las burbujas del nido de espuma que está bajo su cuidado, para alimentarse de los huevos. Tras la eclosión de los huevos, el macho puede construir otro nido de espuma para aparearse con otra hembra.

Comportamiento del pez beta en cautiverio

En cautiverio, el comportamiento del pez betta sigue el mismo patrón que el observado en la naturaleza, siendo altamente territoriales y especialmente agresivos entre machos. A pesar de esto, la agresividad de estos peces es mayor a lo observado en el comportamiento de peces betta silvestres y, además, muestran una gran adaptabilidad al confinamiento. Esto último puede ser lo que cataliza una mayor agresividad.

Algunos estudios han revelado que el nivel de enriquecimiento ambiental de los acuarios puede disminuir significativamente la agresión entre peces bettas. Esto favorece, a su vez, el mantenimiento de adultos viviendo en grupos. En las hembras, resulta especialmente cierto, pues aunque también exhiben comportamiento territorial y jerarquización, se toleran más entre sí que los machos. De igual forma, los individuos juveniles y subadultos, mantenidos en ambientes enriquecidos, muestran un comportamiento más tolerante.

Es común que los machos mantenidos en cautiverio se muestren agitados si advierten la presencia de otro macho, incluso si está en un contenedor diferente. Por otro lado, aunque las hembras pueden permanecer en cautiverio con otras hembras, e incluso con otras variedades de peces, algunas muestran un comportamiento feroz con los cohabitantes del acuario. Es por ello que siempre se debe mantener los acuarios vigilados.

Los procesos de selección para modelar el comportamiento del pez beta y producir individuos menos agresivos, es una opción viable para tener peces que sean más deseables. Estos pueden ser mantenidos en acuarios, junto con otras especies u otros individuos. La manipulación ambiental de los acuarios ha sido uno de los primeros pasos para cambiar, en cierta medida, el comportamiento del pez betta.

Los peces beta criados en ambientes que ofrecen distracciones y estímulos para explorar, muestran un menor grado de agresividad con sus congéneres. Esto se relaciona posiblemente, a que exhiben menos preocupaciones por el entorno social, que los peces que han sido criados en aislamiento.

Comportamiento alimenticio

El comportamiento del pez betta es principalmente carnívoro. No obstante, son capaces de alimentarse de materia vegetal como pequeños trozos de algas y vegetación variada. Sin embargo, la ingesta de proteínas es esencial para su sobrevivencia.

En la naturaleza, suelen alimentarse de zooplancton y variadas larvas de insectos. Estos peces en sus hábitats son importantes controladores de larvas de mosquitos y otros insectos que pueden ser perjudiciales para la salud del hombre.

En cautiverio, se les debe proveer de alimentos con buena flotabilidad, por ejemplo alimentos secos. Estos animales tienden a alimentarse en la superficie del agua, por lo que la flotabilidad del alimento es esencial para no afectar el comportamiento del pez betta. También se les puede ofrecer una gran variedad de alimentos vivos, entre los que podemos incluir crustáceos como Artemia, larvas de moscas de la fruta y lombrices tubifex.

Inteligencia

Los peces beta criados en cautiverio muestran una gran capacidad para acostumbrarse a rutinas, lo cual indica que tienen una gran inteligencia. Es posible entrenar a los peces beta para recibir alimento de determinadas formas, e incluso para realizar trucos sencillos como saltar a través de un aro. Es posible, además, acostumbrarlos a seguir objetos dentro del agua, o nuestro dedo desde fuera.

Un pez betta macho, en excelente estado de salud, construirá nidos de burbujas de manera frecuente, lo que constituye una señal clara de un buen estado de ánimo. Las hembras suelen juguetear en los acuarios cuando se les provee de escondites y otras áreas enriquecidas con ornamentos. Es importante proveerles de algunas plantas acuáticas de hoja ancha. Estos acostumbran a reposar sobre dichas hojas cuando descansan o duermen.

Es posible observar si el pez beta se encuentra estresado o enojado y con actitud de combate, si asume posiciones amenazantes expandiendo su aleta caudal, además de abrir y cerrar sus opérculos. Durante estas situaciones, también adquieren una coloración más vívida de lo normal.

Un pez beta solitario puede llegar a aburrirse, si no cuenta con un acuario enriquecido o con otros individuos. Por esta razón es necesario ofrecer cierta cantidad de estímulos a estos animales, para que gocen de un buen estado de salud. Si vemos que el comportamiento del pez beta en cautiverio tiende a la inactividad, es posible que esté enfermo o las condiciones ambientales del acuario no sean las ideales.

Referencias

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